
En Black Rock City, Nevada.
Del 29 de agosto al 5 de septiembre, ha tenido lugar -como cada año- el pintoresco festival del desierto de Nevada. Para muchos, rito de inciación y experimento colectivo en el que todo el mundo es libre; para otros, una horterada carnavalera de enormes proporciones. Todos los años, el último día, quemaban una estructura antropomorfa; en esta ocasión la cosa ha ido más lejos y ha ardido una especie de santuario de aspecto alienígena: “El Templo de la Transicción” o del trance, más bien.

Durante los días que dura el evento se celebran un buen puñado de actos colectivos y eventos: desfiles de caravanas, paseos en bici, sesiones de Djs… y la gran hoguera final, clausura del festival. Muchos artistas exponen sus obras (esculturas, instalaciones, performances…) al aire libre, sobre la arena del desierto; pero lo más fascinante, sin duda, son los vehículos que circulan por todas partes, algunos verdaderamente impresionantes por sus estrambóticos aspectos y por sus medios de propulsión. La clave del festival es hacer que la persona se sienta libre, sin ataduras, sin las restricciones y prejuicios de la vida cotidiana. En Burning Man puedes pintarte de verde, colocarte una lámpara en la cabeza, ir desnudo… nadie se extraña.
Uno de los artistas más representativos que se presentó en Burning Man este año fue Kalya Scintilla.